Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

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Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

“Mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos” (Foto: E&J)

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Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

“Mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos” (Foto: E&J)

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

Señala el artículo 1316 del Código Civil (CC) que “a falta de capitulaciones o cuando éstas sean ineficaces, el régimen será el de la sociedad de gananciales”. Se trata, por tanto, del régimen legal supletorio, que solo se establecerá si los cónyuges no eligen otro régimen económico para regir su matrimonio (como la separación de bienes).

Mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, que les serán atribuidos por mitad al disolverse aquella. Sin embargo, también existen bienes privativos de cada cónyuge, que son suyos exclusivamente.

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

Bienes privativos

Siguiendo al artículo 1346 CC, son privativos de cada uno de los cónyuges:

  • Los bienes y derechos que les pertenecieran al comenzar la sociedad. Los bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad tendrán siempre carácter privativo, aun cuando la totalidad o parte del precio aplazado se satisfaga con dinero ganancial. Se exceptúa la vivienda familiar. En estos casos se genera un proindiviso entre el cónyuge que ha aportado dinero privativo y la sociedad de gananciales, en función de los plazos que se hayan pagado con dinero de esta.
  • Los que se adquieran después de constituida la sociedad a título gratuito (por ejemplo, una herencia o una donación en favor de uno de los cónyuges en concreto).
  • Los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos.
  • Los adquiridos por derecho de retracto perteneciente a uno solo de los cónyuges (el derecho de retracto es el derecho a quedarse con la cosa que una segunda persona ha vendido a un tercero, a cambio del mismo precio que hubiere pagado éste. Se atribuye, por ejemplo, a los propietarios de fincas colindantes).
  • Los bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona y no transmisibles inter vivos. Aquí se incluirían los derechos morales derivados de la propiedad intelectual o industrial. No obstante, los rendimientos económicos de los derechos de autor tienen carácter de bienes gananciales, pues los frutos, rentas o intereses que produzca los bienes privativos son gananciales.
  • El resarcimiento por daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges o a sus bienes privativos.
  • Las ropas y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor.
  • Los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio, salvo cuando éstos sean parte integrante o pertenencias de un establecimiento o explotación de carácter común.
  • Los bienes adquiridos por derecho de retracto y los instrumentos necesarios para desempeñar una profesión no perderán su carácter de privativos por el hecho de que su adquisición se haya realizado con fondos comunes; pero, en este caso, la sociedad será acreedora del cónyuge propietario por el valor satisfecho.

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

«Los cónyuges, de común acuerdo, podrán atribuir la condición de gananciales a los bienes que adquieran a título oneroso durante el matrimonio» (Foto: E&J)

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

Bienes gananciales

Son bienes gananciales:

  • Los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges. Esta regla abarca cualquier actividad que realicen los cónyuges a través de la cual se adquiera un bien, por ejemplo, el dinero que uno de ellos gane jugando o apostando o lo que se encuentre de manera fortuita.
  • Los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales.
  • Los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos.
  • Los adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora del cónyuge por el valor satisfecho.
  • Las Empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes.

La presunción y la confesión de ganancialidad

Los cónyuges, de común acuerdo, podrán atribuir la condición de gananciales a los bienes que adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cualquiera que sea el dinero con el que se paguen (así, por ejemplo, aunque por regla general un bien adquirido con dinero privativo de uno de los cónyuges sería privativo, se puede acordar conferir al bien carácter ganancial).

Además, si la adquisición se hiciere en forma conjunta y sin atribución de cuotas, se presumirá su voluntad favorable al carácter ganancial de tales bienes.

Sobre esta materia tenemos que citar un importante pronunciamiento del Tribunal Supremo (STS de 17 de mayo de 2019).

El Alto Tribunal estableció que un cónyuge que adquiere con dinero privativo un inmueble al que le atribuye carácter ganancial en la escritura de compraventa es libre para reclamar el dinero invertido, incluso si no realiza reserva de su derecho.

El adquirente puede romper la presunción de ganancialidad en cualquier momento si prueba que el dinero de la adquisición era privativo. Si no hay evidencias de la existencia de un acuerdo común para considerar ganancial el bien, este no podrá reputarse como tal.

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

¿Puedo exigir a mi mujer el piso que pagué con mi dinero, si lo compré para la sociedad de gananciales?

Los cónyuges pueden establecer el régimen económico de su matrimonio que consideren.

De no mediar capitulaciones, el régimen del matrimonio será con carácter general el de sociedad de gananciales, salvo en Aragón, Baleares, Cataluña, Navarra y algunas zonas del País Vasco.

Los bienes existentes en un matrimonio en gananciales se presumirán que tienen tal condición, salvo que se acredite que son privativos de uno de los cónyuges. (Publicado en Idealista)

CÓMO SE ADQUIEREN LOS BIENES PARA LA SOCIEDAD DE GANANCIALES

Los cónyuges, de común acuerdo, pueden otorgar la condición de ganancial a los bienes que adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cualquiera que sea la procedencia del precio o contraprestación, así como la forma y plazos en que se satisfaga. No obstante, la atribución del carácter ganancial a los bienes adquiridos durante la vigencia de la sociedad de gananciales, puede otorgarse por voluntad expresa o presunta de los cónyuges, siendo sus efectos diferentes en uno u otro caso.

Atribuir la condicion ganancial los bienes adquiridos

En el presente caso, la solicitud de liquidación de gananciales por uno de los cónyuges tras el divorcio, fue el motivo de la controversia surgida con respecto a varios inmuebles adquiridos constante matrimonio, bien por uno solo de los cónyuges que manifestó adquirir con carácter ganancial, bien por ambos cónyuges que declararon conjuntamente comprar para su sociedad de gananciales. No en vano, las divergencias en cuanto al carácter ganancial o privativo de los bienes se produce generalmente en un contexto de crisis matrimonial, que no suele ser propicio para alcanzar consensos.

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EL TRIBUNAL SUPREMO ACLARA CUÁNDO UN BIEN ES PRIVATIVO O GANANCIAL

El Tribunal Supremo considera que son gananciales los bienes adquiridos conjuntamente por los esposos cuando consta la voluntad de ambos de atribuir carácter ganancial al bien adquirido.

No obstante, si se acredita que se emplearon fondos privativos para la adquisición, el cónyuge titular del dinero tiene derecho a que se le reintegre el importe actualizado, es decir, derecho de reembolso a su favor.

Por el contrario, la manifestación de un cónyuge de que adquiere para la sociedad de gananciales, por sí sola, no es suficiente para que el bien tenga ese carácter, de modo que si el cónyuge adquirente acredita el carácter privativo del dinero empleado, el bien será privativo.

¿QUIÉN DEBE PROBAR EL CARÁCTER PRIVATIVO O GANANCIAL DE UN BIEN?

  • En definitiva, concluye el Supremo, cuando uno de los cónyuges adquiere a título oneroso un bien con su dinero privativo, aunque declare adquirir para la sociedad de gananciales, será el no adquirente quien deberá acreditar que ambos cónyuges acordaron conjuntamente otorgarle carácter ganancial, pues de lo contrario podrá considerarse privativo.
  • Por el contrario, cuando los cónyuges atribuyen de común acuerdo el carácter ganancial a bienes adquiridos con dinero privativo de uno de ellos, la prueba del carácter privativo del dinero no resulta irrelevante, pues determina un derecho de reembolso a favor del aportante.
  • En todo caso, no dude en consultarnos para que podamos asesorarle.

¿Los bienes privativos se convierten en gananciales? – El blog de Pepe Promedio

Si estás casado en régimen de gananciales, o vas a contraer matrimonio y has decidido que quieres optar por este régimen económico matrimonial, seguramente te interesará saber si los bienes privativos se convierten en gananciales.

¿Qué ocurre con los bienes de los que seas propietario antes de tu matrimonio? ¿Y con los que puedas adquirir después a título privativo? Veamos qué dice nuestra legislación sobre este tema.

Bienes privativos y gananciales: concepto

Bienes privativos

Son los que pertenecen a cada cónyuge antes de contraer matrimonio. También los que cada miembro de la pareja pueda adquirir una vez formada la sociedad de gananciales con recursos que le pertenezcan exclusivamente a él.

Por ejemplo, imagina que Pepe Promedio tenía 30.000 euros en una cuenta antes de casarse. Este dinero será privativo. Una vez casado en régimen de gananciales, decide invertirlo en comprar un par de plazas de garaje. Como son bienes adquiridos con dinero privativo, estas plazas también tienen carácter privativo y solo pertenecen a Pepe.

Son bienes privativos, en todo caso, lo que un cónyuge pueda recibir en herencia o por donación.

Bienes gananciales

Tienen esta consideración aquellos que son adquiridos por los cónyuges durante su matrimonio. Si están casados en régimen de sociedad de gananciales, claro está.

Los bienes privativos se convierten en gananciales por voluntad del interesado

Nuestro Código Civil permite que un bien que tiene carácter privativo pase a ser ganancial. Es lo que se conoce como el negocio de aportación de un bien privativo a la sociedad de gananciales, que se lleva a cabo a través de una escritura pública otorgada ante notario.

Una vez que se atribuye a un bien privativo la condición de ganancial, la naturaleza del mismo ya no se verá alterada por la prueba del origen de los bienes con los que fue adquirido. Esto lo vamos a entender mejor con un ejemplo.

Supón que Pepe Promedio decide ahora que esas dos plazas de garaje que compró en su día estarían mejor dentro de la sociedad de gananciales, así que va al notario y hace los trámites necesarios.

Si el día de mañana desea liquidar la sociedad de gananciales, ya no podrá reclamar el carácter privativo de las plazas de garaje, porque habrán perdido esa condición para siempre, aunque en su momento fueran adquiridas con dinero que pertenecía únicamente a Pepe.

El principio de libertad de pactos

Es posible convertir un bien privativo en ganancial porque en nuestro ordenamiento jurídico rige el principio de libertad de pactos cuando se trata de las relaciones económicas entre los cónyuges. De ahí que para que pueda darse la atribución de un bien privativo como ganancial sea necesario el consentimiento del cónyuge que no era el propietario original del bien.

Es precisamente esta libertad de pactos la que también permite que el régimen económico matrimonial sea modificado todas las veces que los cónyuges deseen. El único límite que se establece para este tipo de cambios es que nunca debe hacerse con intención de causar perjuicio a los acreedores.

Los bienes privativos se convierten en gananciales por la mera voluntad de las partes. Sin embargo, desde el punto de vista económico lo más seguro para la economía familiar es el régimen de separación de bienes.

Si necesitas ayuda para gestionar las finanzas de tu matrimonio y tomar las mejores decisiones, ahora es buen momento para recibir asesoramiento especializado.

¿Te has quedado con dudas sobre algún concepto? Ubícalo en nuestro buscador, ¡seguro tenemos un artículo muy completo sobre ello!

Bienes gananciales – Wikipedia, la enciclopedia libre

Este artículo o sección sobre derecho necesita ser wikificado, por favor, edítalo para que cumpla con las convenciones de estilo.Este aviso fue puesto el 15 de octubre de 2012.
  • Se denominan bienes gananciales o simplemente gananciales en derecho, a todos aquellos bienes adquiridos por los cónyuges durante el matrimonio, a excepción de los recibidos a título gratuito.
  • La característica principal de dichos bienes es que pertenecen a ambos cónyuges por igual, independientemente de quién de los dos los haya obtenido y lo normal es que para disponer de ellos baste con que el negocio jurídico lo acuerde uno de los dos cónyuges siempre y cuando exista la aceptación del mismo por parte del otro cónyuge.
  • La inclusión o no de los bienes del matrimonio en la comunidad de bienes gananciales dependerá del régimen económico matrimonial por el que los cónyuges hayan optado.
  • Lo contrario a los bienes ganaciales son los bienes privativos, que dentro de un matrimonio pertenecen únicamente a uno de los dos cónyuges, por distintos motivos desarrollados en la ley concreta aplicable al caso.
  • En caso de disolución del matrimonio, los bienes gananciales deben ser repartidos por igual entre los dos cónyuges.

España

En España, según el artículo 1.347 del Código Civil son los siguientes:

  1. Los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges.
  2. Los frutos o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales.
  3. Los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común.
  4. Los adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora del cónyuge por el valor satisfecho.
  5. Las empresas fundadas durante la vigencia de la sociedad de gananciales por cualquiera de los cónyuges a expensas de bienes comunes.

Pagos parciales de créditos aplazados

Conforme al artículo 1.348 del Código Civil “Siempre que pertenezca privativamente a uno de los cónyuges una cantidad o crédito pagadero en cierto número de años, no serán gananciales las sumas que se cobren en los plazos vencidos durante el matrimonio, sino que se estimarán capital de uno u otro cónyuge, según a quien pertenezca el crédito”.

Aunque el bien inicial sea privativo por lo general los frutos del mismo se consideran beneficios, por lo que van directamente a la sociedad de gananciales. En este caso concreto inciden sobre el capital privativo, por lo que en ningún momento afectarán a la masa común.

Derechos de usufructo y pensión

Según el artículo 1.349 “El derecho de usufructo o de pensión, perteneciente a uno de los cónyuges, formará parte de sus bienes propios; pero los frutos, pensiones o intereses devengados durante el matrimonio serán gananciales”

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Como el propio artículo dice, todo aquello que derive un usufructo se considerará parte del patrimonio común.

Frutos de los ganados

Conforme al artículo 1.350 del Código Civil “Se reputarán gananciales las cabezas de ganado que al disolverse la sociedad excedan del número aportado por cada uno de los cónyuges con carácter privativo”

La división se hace sólo considerando la cantidad de las reses y no sus cualidades. En el momento de terminar el régimen de gananciales se dividirán al 50% la cantidad de cabezas que queden tras recuperar cada uno el mismo número que aportaron.

Ganancias en el juego y adquisiciones que eximen de la restitución

De acuerdo al artículo 1.351 del Código Civil “Las ganancias obtenidas por cualquiera de los cónyuges en el juego o las procedentes de otras causas que eximan de la restitución pertenecerán a la sociedad de gananciales”.

Como dice el propio artículo, son ganancias, por lo que al haberse producido dentro del matrimonio pertenecen a la sociedad de gananciales, como afirma el artículo 1.344.

Adquisición de nuevas acciones y títulos o participación social

El artículo 1.

352 del Código Civil dice que “Las nuevas acciones u otros títulos o participaciones sociales suscritos como consecuencia de la titularidad de otros privativos serán también privativos.

Asimismo lo serán las cantidades obtenidas por la enajenación del derecho a suscribir.

Si para el pago de la suscripción se utilizaren fondos comunes o se emitieran las acciones con cargo a los beneficios, se reembolsará el valor satisfecho”

Por el presente artículo se consideran las nuevas acciones, títulos o participaciones como parte del capital privativo, con la salvedad en este caso de que aún haciéndolo con cargo a la sociedad de gananciales siguen siendo privativos. Posteriormente, en caso de disolución de la misma existirá una deuda por el importe sustraído por la parte hacia la sociedad.

Atribución voluntaria de la ganancialidad. Adquisiciones conjuntas

En virtud del artículo 1.

355 del Código Civil, “Podrán los cónyuges, de común acuerdo, atribuir la condición de gananciales a los bienes que adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cualquiera que sea la procedencia del precio o contraprestación y la forma y plazos en que se satisfaga.
Si la adquisición se hiciere en forma conjunta y sin atribución de cuotas, se presumirá su voluntad favorable al carácter ganancial de tales bienes.”

Los bienes obtenidos de forma onerosa por regla general se consideran patrimonio privativo, por lo que serían sólo de una de las partes, pero lo que dicho artículo permite es incorporar tales bienes a la masa ganancial. Sería necesaria la aceptación por parte del otro cónyuge, pero conforme al apartado segundo ésta puede presuponerse en los casos dónde no se hubiesen establecido cuotas.

Adquisiciones con contraprestación en parte privativa y en parte ganancial. Adquisiciones onerosas a plazos. Adquisición de la vivienda y ajuar familiares

El artículo 1.

354 dicta que “Los bienes adquiridos mediante precio o contraprestación, en parte ganancial y en parte privativo, corresponderán pro indiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge o cónyuges en proporción al valor de las aportaciones respectivas.”

Como en cualquier adquisición por varios compradores, cada uno tiene derecho en proporción a lo aportado. La única diferencia en este caso es que la sociedad de gananciales pone un porcentaje, por lo que lo que la división que le toca se regirá por las normas propias de este sistema.

Los bienes adquiridos a plazos tienen la naturaleza con la que se hiciese el primer pago, con independencia de que patrimonio aporte el resto.

Mejoras introducidas en los bienes gananciales y en los privativos

En función del artículo 1.359 “Las edificaciones, plantaciones y cualesquiera otras mejoras que se realicen en los bienes gananciales y en los privativos tendrán el carácter correspondiente a los bienes a que afecten, sin perjuicio del reembolso del valor satisfecho.

No obstante, si la mejora hecha en bienes privativos fuese debida a la inversión de fondos comunes o a la actividad de cualquiera de los cónyuges, la sociedad será acreedora del aumento del valor que los bienes tengan como consecuencia de la mejora, al tiempo de la disolución de la sociedad o de la enajenación del bien mejorado.”

Al igual que en apartados anteriores, se considera que las mejoras no afectan a la denominación del bien, indistintamente de la procedencia del capital aportado. Queda constituida una deuda futura que tiene como acreedora a la sociedad de gananciales y que deberá abonarse a la misma en el momento de su liquidación.

Incrementos patrimoniales de empresas

El artículo 1.

360 establece que “Las mismas reglas del artículo anterior se aplicarán a los incrementos patrimoniales incorporados a una explotación, establecimiento mercantil u otro género de empresa.


Se aplicará de forma extensiva el planteamiento del artículo 1.359, expuesto en el apartado anterior, a lo aportado a una explotación, establecimiento mercantil o empresa de otro género.

Las donaciones remuneratorias hechas a uno de los cónyuges, o a ambos por servicios que no daban acción contra el que las hace, no corresponden al haber social, pero las que se hicieren por servicios que hubiesen dado acción contra el donante, corresponden a la sociedad, salvo que dichos servicios se hubieran prestado antes de la sociedad conyugal, pues en tal caso la donación remuneratoria no corresponde a la sociedad, sino al cónyuge que prestó el servicio.

Véase también

  • Sociedad de gananciales
  • Régimen económico del matrimonio
  • Capitulaciones matrimoniales
  • Datos: Q228386

Obtenido de «https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Bienes_gananciales&oldid=117894787»

Adquisición de bienes con carácter privativo por cónyuges casados en régimen de gananciales

Dos recientes resoluciones de la DGSJFP de 12 de junio de 2020 (BOE 31 de julio), han estimado los recursos que presenté frente a sendas notas de calificación suspensivas firmadas por dos registradores distintos en relación con una cuestión que debería ser pacífica: la adquisición de bienes con carácter privativo por cónyuges casados en régimen de gananciales del Código civil y los requisitos necesarios para su plena eficacia jurídica, tanto entre cónyuges como respecto de terceros.

Si a un jurista marciano le proporcionáramos un ejemplar del Código Civil y le pidiéramos su opinión, lo más seguro es que se extrañaría por la pregunta.

Cierto es que hay normas que establecen qué bienes son privativos y qué bienes son gananciales, pero tienen su asiento en sede de obligaciones y contratos, en la que se consagran los principios de autonomía de la voluntad (art. 1255) y libertad de contratación entre cónyuges (art. 1323).

Por otra parte, el régimen económico matrimonial es el libremente pactado en capitulaciones matrimoniales, celebradas antes o después del matrimonio, sin más limitaciones que las establecidas por las leyes (arts. 1315 y 1325).

Y si rige el legal supletorio por falta de pacto, varios preceptos relativos a la sociedad de gananciales dan juego a la autonomía de la voluntad a la hora de determinar el carácter privativo o ganancial de un bien (arts. 1353 y 1355). De modo que las normas de determinación de la ganancialidad y privatividad deben reputarse como dispositivas.

Ante la extrañeza de nuestro amigo marciano, le exhibiríamos con amplia sonrisa el ejemplar -preferiblemente el subrayado de la oposición- del Reglamento Hipotecario, abierto por el artículo 95, que regula determinadas particularidades de la inscripción de la adquisición, disposición y gravamen de los inmuebles en el Registro de la Propiedad por parte de personas casadas. Y seguiría sin entender nada: el Reglamento Hipotecario no puede enmendar la plana al Código Civil sin violentar los principios constitucionales de jerarquía normativa y reserva de legalidad (cfr. entre otras STS 31-1-2001). Por no hablar de que su lectura cuidadosa permitiría sin aparente dificultad encajar ambos textos de forma armónica.

“En España, como en muchos países de nuestro entorno, hasta 1975, la mujer casada sufría limitaciones de su capacidad de obrar al quedar sujeta a la curatela del marido, cuya autorización requería para poder realizar actos dispositivos sobre bienes inmuebles o ejercer el comercio”

Como un jurista marciano se ha sentido quien esto escribe ante ciertas calificaciones registrales recibidas -hasta entonces revisadas tras arduo esfuerzo argumentativo- pero mucho más aún, con el revuelo levantado por dichas resoluciones estimatorias.

Al fin y al cabo, la DGSJFP se limita a confirmar una doctrina asentada en virtud de la cual los cónyuges casados en régimen de gananciales pueden adquirir un bien con carácter privativo, excluyendo ab initio su ingreso en el patrimonio ganancial (1).

En puridad, esta posibilidad no fue discutida seriamente por nadie en términos de principios. El problema estribaba en que los requisitos exigidos para hacerla efectiva eran de un rigor extremo, al punto de hacerla inoperante.

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Desmontar esta artificial, anacrónica y, a mi juicio, ilegal construcción requería hacer esfuerzo más pedagógico que intelectual, sirva en descargo de la quizá demasiado prolija argumentación de mi informe.

Hito 1.

AntecedentesEn España, como en muchos países de nuestro entorno, hasta 1975 (2), la mujer casada sufría limitaciones de su capacidad de obrar al quedar sujeta a la curatela del marido, cuya autorización requería para poder realizar actos dispositivos sobre sus bienes inmuebles o ejercer el comercio. Y aunque la disposición de los bienes comunes exigía el consentimiento de ambos cónyuges, el marido era legalmente el administrador de la sociedad de gananciales. Para tratar de matar a la mosca de “poner los bienes a nombre de la mujer” y así ponerlos a buen recaudo de las reclamaciones de los acreedores, se acudió al cañonazo de presumir fraudulenta y prohibir la contratación entre cónyuges y establecer el carácter imperativo de las normas del régimen económico matrimonial, inmutable una vez contraído el vínculo.

Hito 2.

Constitución del 78 y Reformas del Código Civil (Leyes de 13 de mayo y 7 de julio del 81)Las ventanas abiertas de par en par a la libertad y a la plena igualdad jurídica de los cónyuges por la Constitución del 78, trajeron el aire fresco de las reformas del Código Civil sobre régimen económico matrimonial y el divorcio, sin que la primera haya sufrido apenas modificaciones tras casi 40 años de vigencia. Frente al sistema anterior se establece la libertad de pacto de régimen económico matrimonial antes y durante el matrimonio, así como la libertad de los cónyuges para “contratar y celebrar entre sí toda clase de actos y contratos”.

Las claves del sistema legal supletorio eran el principio de subrogación real -los bienes tienen el mismo carácter de los fondos con que se adquieren o de los bienes a que sustituyen- y la presunción de ganancialidad, facilitándose entre cónyuges la prueba contraria al ser bastante la confesión del otro, con la salvedad de que por sí sola no perjudicaba a los herederos forzosos del confesante, ni a los acreedores de la comunidad o de cualquiera de los cónyuges (art. 1324), cautela obvia pero que dejaba traslucir el temor al fraude heredado de la legislación anterior.

Hito 3. Echando agua al vino.

La Contrarreforma “a la Romanones” del Reglamento Hipotecario, Real Decreto 12-11-82Un artículo en apariencia marginal, de carácter meramente procesal como el 1324 CC fue el apoyo legal o más bien la excusa para tratar de limitar el alcance de la Reforma en el ámbito hipotecario mediante una interpretación extremadamente rigurosa de los requisitos exigidos para el adecuado reflejo registral de los negocios jurídicos entre cónyuges. El artículo 95 RH realiza una pretendida interpretación auténtica del artículo 1324 del Código Civil señalando que:“1. Se inscribirán como bienes privativos del cónyuge adquirente los adquiridos durante la sociedad de gananciales que legalmente tengan tal carácter.” “2. El carácter privativo del precio o de la contraprestación del bien adquirido deberá justificarse mediante prueba documental pública (…)”. “4. Si la privatividad resultare solo de la confesión del consorte, se expresará dicha circunstancia en la inscripción y ésta se practicará a nombre del cónyuge a cuyo favor se haga aquélla (…)”

A su amparo se forjó, con general alivio todo sea dicho, un subsistema inspirado en el carácter universal del principio de subrogación real y la sublimación de la presunción de ganancialidad pues de una parte, no quedaba enervada por la afirmación del adquirente en escritura pública acerca del carácter privativo del precio o contraprestación y de otra, en caso de resultar la privatividad “solo” de la confesión del consorte, se hacía constar en la inscripción.

“Pronto comenzó a explorarse la posibilidad de que los cónyuges celebraran acuerdos que alterasen el carácter ganancial o privativo de los bienes”

Hasta aquí la solución reglamentaria es inobjetable. Sin embargo, ante la desidia notarial casi general, la práctica registral acabó degenerando la “prueba documental pública” en una probatio diabolica, imposible salvo declaración judicial. Empero el verdadero problema viene cuando el artículo 95.

4 crea ex novo una estrambótica categoría de bienes mutantes, los “privativos por confesión” que la muerte del confesante devenido en pecador zombi convierte en gananciales, salvo ratificación de su carácter privativo por todos los herederos forzosos, sin cuyo consentimiento impedía al titular la realización de actos dispositivos. El apego acrítico a considerar fraudulento todo aquello susceptible de erosionar en lo más íntimo la sacrosanta intangibilidad cualitativa de las legítimas generalizó, con cierta clandestinidad, una práctica registral clamorosamente errónea: Inscribir “por si acaso” los bienes como “privativos por confesión”, pues nunca se consideraba suficientemente probada la privatividad de la contraprestación. A muchos notarios les pasó desapercibida o simplemente, la ratificaron de forma tácita, sin reaccionar mediante una adecuada redacción de las cláusulas de la escritura de adquisición o la incorporación de una cláusula de estilo en las particiones por la que los legitimarios ratificaran todas las confesiones de privatividad hechas por el causante. Y al no ser desactivada por el notario la bomba de relojería cebada por el registro, estallaba en el momento más inoportuno, cuando las relaciones entre el viudo y los hijos del confesante -comunes o no- son malas o inexistentes.

El acuerdo adquisitivo entre los cónyuges quedaba jibarizado a una mera confesión que, ni siquiera con la máxima contrición llevaba aparejados el perdón y el olvido.

La memoria de elefante del Registro irrumpía años e incluso décadas más tarde no ya de la adquisición, sino de la partición verificada sin oposición alguna cuando al intentar escriturar el titular la venta de su inmueble quedaba a merced de los legitimarios del confesante con la consiguiente apertura de nuevas heridas o de viejas que se creían cicatrizadas. Salvo llevar a juicio a los legitimarios, donde la presunción de ganancialidad operaría en su contra, nada podía hacer el titular frente al pronunciamiento registral. La pirueta mutó una mera reserva de acciones a favor de legitimarios (y acreedores) en una limitación extemporánea de las facultades dispositivas del titular introduciendo una sui generis “comunicación foral” a la vizcaína. No sirviendo el combate directo se hizo necesario acudir a otras vías.

Hito 4.

La causa matrimonii como fundamento de los negocios jurídicos entre cónyugesAlgunos connoisseurs comenzaron a explorar la posibilidad de que los cónyuges celebraran acuerdos que alterasen el carácter ganancial o privativo de los bienes, reconocida desde antiguo en los derechos aragonés y navarro (3), al establecer el derecho de reembolso entre los patrimonios consorcial y privativos por las atribuciones patrimoniales “sin causa” verificadas entre los cónyuges.

Hacerlo mediante nuevas capitulaciones era un quebradero de cabeza al exigir la disolución y liquidación parcial de la sociedad de gananciales para pactarla de nuevo atribuyendo tal carácter a todos los que ya lo tenían.

El incentivo más poderoso para los negocios jurídicos de aportación a la sociedad de gananciales y de atribución o reconocimiento de ganancialidad o privatividad fue su generoso tratamiento fiscal por la exención del ITPAJD, que los hacía particularmente atractivos como título para la inmatriculación de fincas no registradas, posibilidad abierta no sin dificultades en un contexto de fuertes gravámenes sobre las atribuciones gratuitas (4).

“El motivo de la conflictividad no es otro que la tan sorprendente como incorrecta comprensión del sistema por parte de muchos notarios y registradores, incapaces de liberarse de la camisa de fuerza del artículo 95 RH”

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