Que obligaciones tengo con los hijos de mi pareja

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Ser madrastra o padrastro por sí tiene obligaciones con los hijos de la pareja. Es un tema complejo, pero muy importante a la hora de hacer trámites posteriores si se está dispuesto a formar una familia legalmente constituida.

Si estás en una relación y tu pareja tiene hijos con otra persona, hay dos opciones en caso de que se quieran unir en matrimonio por la vía civil:

  • a) Si los hijos de tu pareja conservan los apellidos de sus padres.
  • b) Si decides adoptar como tuyos a los hijos de tu pareja.

Que obligaciones tengo con los hijos de mi parejaAdemás de responsabilidades morales, puedes obtener obligaciones legales con los hijos de tu pareja. Siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones. Foto: iStock.

Obligaciones legales con los hijos de tu pareja

Si conservan los apellidos de sus padres

Al unirse en matrimonio civil, no es obligatorio adoptar a los hijos de la pareja. Esta es una decisión que debe tomarse previamente.

Si los hijos conservan el apellido de sus padres, deberán seguir recibiendo pensión alimenticia si son menores de edad.

El padrastro o madrastra también asumirá responsabilidades de cuidado con el menor, ya que se forma un vínculo familiar por la vía civil.

Si decides adoptar como tuyos a los hijos de tu pareja 

  • En el caso en el que tu pareja y tú decidan que los niños lleven tu apellido, se tiene que hacer un trámite de adopción.
  • Para esto, los padres biológicos del niño deben estar de acuerdo, debido a que el trámite implica que se perderá el apellido legalmente y la patria potestad.
  • Lo anterior significa que además de perder el apellido, el padre o madre biológica ya no tendrá obligaciones legales con el o los menores.
  • El niño pasará a tener el apellido de su padrastro o madrastra y ante la ley será considerado como su padre o madre biológico, con todas las responsabilidades y obligaciones que esto conlleva.
  • Para hacer este proceso es necesario iniciar un juicio de adopción. El apoyo de un abogado de lo familiar ayudará a realizar los trámites para dejar claras las condiciones

El Acta de Nacimiento y el CURP de los niños adoptados también deberá actualizarse. Si el menor tiene 12 años, también es posible que el juez le pregunte si está de acuerdo con la adopción.

A partir de ese momento y para efectos legales, los niños adoptados tendrán derechos sobre las herencias de sus padrastros. Mientras que ellos a su vez, en caso de divorcio o muerte de la pareja, también podrían obtener la patria potestad.

Que obligaciones tengo con los hijos de mi parejaPara que el niño tenga los apellidos de la pareja de su padre o madre biológico, hay que hacer un juicio familiar. Foto: iStock.

Y si mi pareja es madre o padre soltero y queremos que sus hijos tengan mi apellido

Este trámite es mucho más sencillo. Si tu pareja es madre o padre soltero y sus hijos tienen sus mismos apellidos, se tiene que hacer un trámite meramente administrativo en el juzgado familiar.

  1. Se recomienda como siempre tener la asesoría de un abogado de lo familiar para que pueda redactar de manera adecuada los documentos para reconocer la paternidad de un menor de edad.
  2. Asimismo, se tiene que actualizar los documentos de identificación de los niños, como su Acta de Nacimiento, CURP, Cartilla de Vacunación, etc.
  3. El trámite para que los hijos de tu pareja tengan tu apellido esquívale a una adopción legal sobre los menores, por lo que a partir del momento en el que el juez avale el procedimiento, comenzarán a tener derechos y obligaciones con los menores, como si se trataran de sus hijos biológicos.
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Los hijos de mi pareja: ¿bendición o escollo?

Que obligaciones tengo con los hijos de mi pareja

Quizá nunca se planteó tener una relación con una persona con hijos, pero de pronto conoce a alguien maravilloso que le anuncia: “Soy padre/madre”. Descubra cómo debe afrontar esta nueva realidad.

28/12/2016 02:58

Una combinación entre miedo y curiosidad son las impresiones que inundaron a Marta cuando Daniel, el chico que había conocido hacía unas semanas, le confesó que era padre de un niño de seis años. Era un terreno totalmente desconocido para ella que incluso hizo que se cuestionara esa posible relación.

Nunca antes me había planteado salir con un hombre que tuviera hijos pero el corazón y la buena sintonía con él me animaron a continuar“. Los meses transcurrieron y la relación se afianzó. El momento de conocer al pequeño estaba próximo.

Multitud de preguntas le rondaban la cabeza, acrecentando sus dudas y temores: “¿Cómo debo comportarme?, ¿me aceptará el niño?, ¿cómo cambiará mi vida?…”. La preocupación de Daniel no fue menor.

Se planteaba cómo viviría su hijo esa nueva presencia, cómo debería tratar las reacciones del niño ante esa circunstancia y cuál sería la mejor manera de contarle y presentarle a su pareja.

La relación afectiva de parejas que tienen hijos de uniones anteriores forman ya parte de la normalidad.

Cada vez son más frecuentes en la sociedad contemporánea estas formas de familia, que implican asumir nuevos retos para mantener una unión sana entre los miembros de esa nueva estructura familiar.

Tanto padre/madre, hijos y pareja necesitarán de un proceso de adaptación y de mucha cintura.

En primer lugar, “es esencial estar seguro de que se trata de una relación consolidada antes de hablarles a los hijos de la nueva persona que forma parte de nuestra vida.

No se puede presentar como pareja a alguien con quien no hay estabilidad para, poco después, presentar a otra y después otra más…

Esto es un caos para los niños que terminan por no vincularse con esas parejas, desarrollando desconfianza e inseguridad”, cuenta Esteban Cañamares, psicólogo clínico y especialista en temas de pareja.

Una vez la relación esté afianzada, el siguiente paso es la presentación. “No será inesperada ni de un día para otro sino que previamente iremos introduciendo a esta pareja, poco a poco, a través de conversaciones -explicándoles cómo es, de qué la conocemos, etc.- Y, sobre todo, se hará con la máxima naturalidad y sin dramatismos.

Que seamos sinceros generará confianza y evitará que llenen las lagunas que puedan ir surgiendo con la información que imaginen, que no siempre coincide con la realidad.

Ya han vivido la decepción de la separación de sus padres y algo así condicionaría negativamente a la nueva pareja”, explica Cayetana Hurtado de Mendoza, tutora del campus de la Universidad de Padres.

Mientras, la pareja, por su parte, mantendrá un trato amable, cordial y de respeto hacia los hijos. “Presentarnos como colegas y exagerando simpatía o cordialidad es un gran error. Al igual que intentar sustituir a alguno de los progenitores. No somos la nueva mamá o papá.

Es una equivocación supina que hará que se pongan en guardia, independientemente de que tengan cinco años o 40″, asegura el psicólogo. Es el caso de Laura. Una conversación con su hija de 11 años le hizo tomar una de las decisiones más importantes de su vida.

Se separó de Carlos cuando éste trató de asumir el rol de padre de la niña y ésta no estaba conforme con ello. “Intenté remediar la situación hablando con mi pareja, pero él siguió comportándose como si fuera su padre biológico. Mi hija no era feliz con ese trato, por tanto, yo tampoco podía serlo”, explica Laura.

En este sentido, es imprescindible desde un comienzo “dejar muy claro los roles de cada uno para evitar conflictos“, agrega Francisco J. Rodríguez, portavoz de la Asociación de Padres y Madres en Acción.

Recalca Rodríguez que las “responsabilidades parentales deberán asumirlas el padre o la madre biológicos. Aunque lo correcto es que el compañero/a pudiera intervenir en las cosas cotidianas, siempre y cuando el progenitor esté de acuerdo”.

Pero nunca se trasladará a la pareja la autoridad sobre esos niños. “Es inadmisible delegar el mando sobre los hijos en la pareja.

En primer lugar, porque es un peso demasiado grande que no le corresponde a esta persona y después porque podría convertirse en el blanco de las iras de los menores y entonar el tú no eres mi padre/madre“, manifiesta Cañamares.

Por otra parte, según indica Hurtado, sí que es esencial establecer por ambos miembros de la nueva pareja unas normas de convivencia comunes a los hijos -si los hubiera por ambos lados-, que deberán ser respetadas.

Cualquier relación necesita tiempo, pero más aún aquellas que se establecen con los niños. No hay que olvidar que para los hijos es una relación que viene por imposición por lo que la paciencia y no tratar de forzar la situación serán las mejores bazas durante este proceso de adaptación.

“Por una parte, que aparezca otra persona significa el final absoluto de la relación de sus padres, ya que todos los niños siempre mantienen la fantasía de que en algún momento volverán a estar juntos“, comenta el psicólogo.

Por otro, tendrán que compartir tiempo y actividades con alguien más que su padre/madre.

En la aceptación influirá indudablemente la edad de esos menores. “Cuanto más pequeños sean más fácil será la adaptación de éstos y seguir con unas normas familiares. En el caso de los adolescentes muestran un rechazo mayor pues aparece la sensación de competencia y de abandono, a esto se añade las circunstancias propias de la adolescencia”, explica Hurtado.

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Podría ocurrir que todo fuera bien y que hijos y pareja se entendieran a la perfección desde el comienzo, pero esto no siempre sucede. Los niños -dice Hurtado- pueden, en algunos casos, desarrollar celos o sentirse rivales “porque aparecen miedos y dudas sobre si su padre o madre les querrá como antes, si volverán a tener más hijos…

Es cuando empiezan una lucha contra la pareja por la atención y amor de su padre/madre“. En este sentido, Cañamares subraya la importancia de transmitirles que la relación con ellos no cambiará y que ese vínculo es indestructible.

Una buena alternativa sería “reservar actividades para hacer solo con ellos y preservar así un espacio de complicidad”, aconseja Hurtado.

Hablar mucho con ellos y contar con su opinión hará que se sientan más integrados y parte de la nueva situación.

También, en caso de rechazo, es relevante que entiendan el significado que tiene esa persona para su padre/madre y que les hace feliz en su rol de pareja -no de sustituto del otro progenitor-.

Por otro lado, no se debe caer en el error de sobreproteger a los hijos o ser demasiado permisivo, tratando de compensarles por incluir a una nueva persona en su vida.

En otros casos, si se encuentra bien con la nueva persona se despiertan en el niño sentimientos de culpabilidad y de deslealtad hacia su otro progenitor. La comprensión, la paciencia y una comunicación abierta con ellos ayudarán a ir solucionando los problemas.

Aunque son comunes también los casos de progenitores apegados a sus hijos, que ante cualquier petición del menor abandonan sus planes. “Lo importante en estos casos es saber poner límites y acudir a un especialista”, aconseja Cañamares.

Otro error habitual es declarar la guerra a los hijos de la pareja por las atenciones de ésta. “Te llama tu hijo y te olvidas de mí” o “Pablo no me obedece”, son los reproches que hace Juan a María, madre de un chico de 16 años.

Luchar contra el amor de un padre/madre hacía su hijo pone al progenitor en una situación más que complicada, además de aumentar la tensión en la relación.

En definitiva, ¿se trata de una relación difícil? Puede que en ocasiones. Pero si se contempla que hay espacio para todos y que hijos y pareja son dos amores distintos que pueden coexistir a la perfección es probable que surja una unión agradable entre los míos, los tuyos y lo nuestro.

Que obligaciones tengo con los hijos de mi pareja

Los hijos/as de mi pareja ¿cuál es mi rol?

Elena ha quedado con Mario. Llevan saliendo un par de semanas. Se conocieron a través de una aplicación y lo que iba a ser un par de citas y listo se ha convertido en mucho más. Hoy irán al cine, y Mario le hablará por primera vez de Hugo y Lola, sus hijos.

Los divorcios y separaciones con hijos de por medio se dan cada vez en edades más tempranas. Los componentes de esas historias fallidas deciden volver a intentarlo en el amor. Y eso supone que aporten hijos e hijas (cada vez más pequeños) a sus nuevas relaciones.

Pero ¿qué pasa cuando la persona que acabo de conocer tiene hijos/as?, ¿me convierto en su padre/ madre?, ¿tengo que llevarme bien con ellos/as?, ¿van a torpedear mi relación?, ¿significa que mi pareja me va a querer menos que a ellos/as?

Todas estas dudas (y muchas más) asaltan la mente de cualquiera al emprender una relación de pareja con una persona que trae hijos de su vida anterior. En este post respondo a esas cuestiones y te propongo una manera respetuosa para poner este plan en marcha.

¿Cómo le presento a mis hijos/as?

Bien, es muy importane que la relación esté lo suficientemente afianzada y segura para dar este paso. Debes pensar que los niños/as vienen de una ruptura previa de sus progenitores (o quizás más de una). Por lo que es muy recomendable que les ofrezcas la mayor estabilidad posible en todos los aspectos. También en este.

Una buena manera para introducir a esa nueva pareja en el día a día de la familia es que el progenitor hable con los niños/as de él o ella.

Las dos personas deben estar de acuerdo en dar este paso y seguros de que la relación es tan estable cómo para hacerlo.

También deberían estar preparados para ello, habiendo tomado conciencia de que quizás el proceso de implementación de la nueva pareja en ese casa puede ser complicado.

Leer algún libro al respecto no estaría de más. Cuantas más herramientas tengáis, mucho mejor.

Una buena manera para introducir a esa nueva pareja en el día a día de la familia es que el progenitor hable con los niños/as de él o ella.

Cómo es, lo que le gusta hacer, lo bien que se lo pasa cuando está a su lado, lo feliz que está con esa relación… etc. Siendo siempre lo más sincero/a posible.

Hablando de forma natural y sin hacer exageraciones o presentar a esa nueva persona como «súper-ultra-mega- guay». Porque te puede salir mal la jugada.

Cuando llegue el momento de las presentaciones face to face, no serán de cualquier manera o sin avisar. Los niños/as merecen ser prevenidos de que eso va a suceder.

Lo mejor es que sea un encuentro no muy largo (quizás unas horas) y siempre para hacer alguna actividad.

Es decir: prohibido sentar a tus hijos/as en el sofá y entrar por la puerta diciendo «Niños, esta es mi novia: ¿queréis preguntar algo?» y que ese sea el único motivo por el que os reunís.

Es previsible que cuanto más pequeños sean los niños (hasta 2-3 años), menos intenso será este proceso y cuanto más mayores (especialmente en edades adolescentes) más atentos/as deberéis estar a que todo vaya paso a paso.

Y; ¿cuál es mi rol?

Bien, primer gran error: tú no eres su padre/ madre. Pero tampoco eres su colega del alma. Es decir, busca y encuentra tu sitio con respecto a ese niño/a.

Tendrás que crear un vínculo nuevo con él o con ella, dónde los dos encontréis vuestro sitio. Si te presentas como su nuevo papá o mamá, se pondrá en una posición defensiva y hará todo mucho más complicado. Ellos ya tienen a sus padres, no quieren más. Que te quede claro (o te lo dejarán claro ellos mismos).

Busca intereses comunes, intenta hablar con ellos (si es a través de juegos, mucho mejor) y conocerlos, intenta ganarte su amistad a través del respeto y respeta sus tiempos. No caigas en el rol de ser «el bueno o la buena» cuando el progenitor ha dictado una norma para ganarte su amistad. Se volverá en tu contra muy rápido.

Entonces ¿dónde me situo?

Hay parejas que necesitan imponer su autoridad para sentir que los hijos de su nueva relación «les hacen caso», «les toman en serio», «les obedecen». Esto suele acabar muy mal. Se traduce en una lucha de poderes que acaba teniendo consecuencias nefastas para la relación.

Esto no quiere decir que tú no vas a pintar nada. En absoluto. Pero piensa lo siguiente: ¿Quién ha decidido tener una relación de pareja contigo? ¿tu nueva pareja, o sus hijos? Efectivamente: a ellos nadie les ha preguntado. Dales tiempo. Date tiempo.

Todos os vais a tener que situar ante un nuevo escenario. Un nuevo sistema se va a formar a partir de esa nueva relación. Pero tú no vas a ocupar un lugar para el cual ya existe otra persona. Tu lugar será nuevo y tendrás que construirlo desde cero. Siempre, por supuesto, con el apoyo y de la mano de tu pareja.

No es cuestión de elegir

Esto sucede mucho: pensar que tu pareja prefiere a sus hijos antes que a ti.

Gran error si comienzas a comparar el amor que puede tener tu pareja hacia sus hijos con el que puede profesar hacia ti. No es una cuestión de a quién prefiere o a quién hace más caso.

Cada persona ocupará su lugar y en ningún momento debería existir la obligación de elegir entre sus hijos o su pareja.

La educación y las normas con respecto a los niños/as serán fruto de la decisión de sus progenitores. La intervención de la nueva pareja queriendo imponer normas que impliquen directamente a los niños/as lo único que ocasionará serán disputas y resistencias.

Cada persona ocupará su lugar, y en ningún momento debería existir la obligación de elegir entre sus hijos o su pareja.

Es mucho más efectivo que sea el progenitor el que exponga todas estas cuestiones hacia sus hijos/as. Aunque previamente se hayan establecido en pareja. Es de vital importancia dejar bien claros los roles de cada uno para evitar conflictos.

Inicios complicados: muchas emociones

Es muy probable que los niños/as, al inicio de esta nueva relación, tengan momentos de vaivén emocional y necesiten estar mucho más con su progenitor. Veremos hijos e hijas más demandantes y con ganas de pasar tiempo con sus padres y/o madres. Es completamente normal.

Por un lado, con la aparición de la nueva pareja se apaga la posible ilusión de que sus padres «vuelvan». Por otro lado, se puede encender la alarma de que papá o mamá me va a querer menos por haber conocido a alguien nuevo. O mucho peor ¿tendrá más hijos con la nueva?

Lo mejor para aplacar estos temores es acompañar a los niños en su proceso, explicándoles que el amor que existe por ellos por parte de su progenitor es incondicional y distinto al amor de pareja. También es muy recomendable pasar tiempos en exclusiva con los hijos/as. Lo podemos llamar: tiempo juntos especial, por ejemplo. (Evidentemente, si son adolescentes, lo de ponerle nombre no es necesario).

También podemos explicarles que en ningún caso nuestra nueva pareja va a ser sustituto de su otro progenitor. Que la familia se ha ampliado, y esto es motivo de alegría. Darles ejemplos de diversidad familiar es una excelente idea. Para ello puedes utilizar cuentos o libros (por ejemplo: Familias, Mi familia es de otro mundo, En familia).

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Oposición frontal

Por supuesto que es posible que los niños/as quieran imponer su deseo de que «en esta casa no entra nadie más». Las mayores resistencias pueden darse al principio. Es en ese momento en el que más cerca debemos estar de ellos y más les debemos entender.

Dejarles claro que estamos a su lado para lo que necesiten, pero que la decisión de tener pareja es una decisión adulta y es solo nuestra. Y esa decisión no va a cambiar en absoluto nuestra relación con ellos o ellas.

De hecho, lo más probable es que la mejore porque nosotros/as estaremos más felices.

Las mayores resistencias pueden darse al principio. Es en ese momento en el que más cerca debemos estar de ellos y más les debemos entender.

Si forzamos los tiempos, si queremos imponer nuestra autoridad, si utilizamos chantajes, si recurrimos a premios o castigos, etc… créeme: nada irá bien.

Si observas que la situación se complica y se os va de las manos, si os sentís desbordados o sin recursos para lo que estáis viviendo lo mejor es visitar a un profesional que os guíe en este proceso. Será muchísimo más sencillo y enriquecedor para todos.

Dadles tiempo y haced equipo

Todo es nuevo: pero para todos/as. Es normal que te sientas solo/a o incomprendido/a. Pero créeme, es como se sienten todas las penosas que forman parte de esa situación. El tiempo es vital. No tener prisa, ser pacientes y no querer que todo suceda a la de ya.

Es muy importante a lo largo de todo el proceso la fortaleza de la pareja. Sois un equipo, y habéis decidido ir hacia delante en un panorama (en ocasiones) complicado. O más bien, diferente a lo conocido. Porque no me negarás que hay relación que sin hijos de por medio son muy muy difíciles de llevar.

Es importante atender la relación y estar seguros/as de qué es lo que queremos. Tener pareja es una acto de responsabilidad, y cuando también hay niños esta responsabilidad se multiplica.

_

Muchas gracias por leerme. Si tienes algo que contarme puedes hacerlo a través del mail [email protected]

un abrazo_ 

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Derechos de madrastras y padrastros en la familia

Sois
muchos los que nos habéis hecho llegar preguntas y dudas al respecto de vuestra
figura de padrastros y madrastras con respecto a vuestros hijastros.

¿Qué
facultades y quizá obligaciones tiene el padrastro o madrastra, si las hay,
respecto del hijastro?.

¿Qué puede hacer la madrastra o
padrastro en caso de ausencia más o menos prolongada del progenitor del menor?. ¿Qué ocurre si el padrastro o madrastra fallecen en
cuanto a derechos sucesorios?.

¿Es asimilable la situación del conviviente
en pareja estable a la del casado con el progenitor del menor?

Cuestiones
tan relevantes como estás, son las que os crean incertidumbre en el día a día
de vuestras relaciones con los menores. Con la intención de poder aclarar,
explicar y sobre todo dejaros más tranquilos. Intentamos responder a todas
estas dudas.

Una de
las preguntas que más se repiten y que prácticamente se enlazan con el resto de
las cuestiones planteadas, sería ¿Qué derechos y obligaciones tienen padrastros
y madrastras con sus hijastros?

Lo
primero que tenemos que distinguir es la relación fáctica de convivencia, de la
relación jurídica que establece la normativa.

No es nada fácil el inicio de la
convivencia en familias reconstituidas donde un miembro de la pareja aporta un
hijo de una anterior relación, menos lo es, la convivencia de familias bi-nucleares
donde cada miembro aporta hijos.

No solo hay que superar los roces de la
convivencia diaria, que ya son muchos, sino que hay que añadir más
incertidumbre al día a día. ¿Legalmente que obligaciones y derecho tengo con
mis hijastros?

A
nivel nacional la norma que se encarga de la relación paterno filial es el
Código Civil, en ella no encontramos alusión a la figura de padrastros y
madrastras, sin embargo, éstos pueden tener cabida en la denominación que
realiza la norma como “personas afines al menor”

El
Código Civil dedica el capítulo VI a establecer las relaciones
paterno filiales, y de su lectura extraemos claramente que los derechos y
deberes en relación a los menores son inherentes a la atribución de la patria
potestad. Por ello podemos decir que los únicos que tienen obligaciones con los
menores y por ende derechos sobre estos, son los progenitores.

“¡Eso no es del todo cierto!… -Dijo Ana
en una conversación-. Me he casado con mi
pareja y el Código Civil establece obligaciones legales de alimentos hacia mi
hijastro”.

Y no
va mal encaminada Ana, al dar esa respuesta, pero si hay que matizarla para que
entendamos, que realmente no existe imperativo legal para que Ana como
madrastra esté obligada a alimentar a su hijastro.

A la
hora de contraer matrimonio disponemos de distintos regímenes económicos
matrimoniales para poder elegir cual es el que mejor va con nuestras creencias,
nuestra economía, nuestro lugar de residencia o cualquier factor que pueda
influir en esta decisión. Pero debemos conocer bien que aspectos engloba la
elección de uno u otro de estos regímenes.

Cuando
contraemos matrimonio en régimen de gananciales, formamos una sociedad de
gananciales, y sí es asimilable a un contrato (y así ha sido definido por gran
parte de la doctrina). Veamos que dice el artículo 1362.1 del Código Civil. 

Serán de cargo de la sociedad de gananciales “(…) La alimentación y educación de los hijos de uno solo de los
cónyuges correrá a cargo de la sociedad de gananciales cuando convivan en el
hogar familiar. En caso contrario, los gastos derivados de estos conceptos
serán sufragados por la sociedad de gananciales, pero darán lugar a reintegro
en el momento de la liquidación.''

Tal y
como indica el precepto mencionado, es la sociedad de gananciales y no el padrastro
o madrastra quien está obligado a correr con el cargo de alimentación y
educación. ¿y qué significa esto? ¿Qué pasa con esos gastos ante una separación
o divorcio?

Vamos
a exponerlo en un ejemplo práctico. Supongamos que Ana se ha casado en Madrid en
régimen de gananciales con el progenitor no custodio del menor que convive con
ellos los días, fines de semana y vacaciones establecidos por convenio.

Ha de
contribuir (en realidad es la sociedad de gananciales) al pago de la pensión de
alimentos que recae sobre su cónyuge y además convive también en la vivienda su
suegra, a la que la han tenido que intervenir en una clínica privada y
sustituir la cadera por una prótesis de titanio “último modelo” valor que
asciende a 5000 euros.

Pasados unos años, Ana ve que su matrimonio no funciona
y decide dar el paso y divorciarse.

¿Puede
reclamar Ana el abono de la pensión de alimentos y la prótesis de su suegra,
siendo ambos gastos sufragados por la sociedad de gananciales?

Sí, en
la liquidación de la sociedad de gananciales, se comprobará sobre que
componente del matrimonio recae la obligación legal del pago de alimentos sobre
el menor, y a la par quién está obligado a velar y contribuir a las cargas de
sus ascendientes. Por ello, se valorará el importe al que ha contribuido el
cónyuge no obligado y la sociedad de gananciales habrá de restituir ese
importe, o lo que es lo mismo el cónyuge no obligado tendrá un crédito a su
favor contra la sociedad de gananciales.

Como
veréis las alusiones de nuestra norma a la relación de padrastros y madrastras
con sus hijastros se circunscriben a las propias de la economía doméstica del
matrimonio, sin reflejo alguno en el orden personal.

Entones…
¿No existe en todo el territorio nacional ninguna legislación que recoja la
figura de padrastros y madrastras?

La
próxima semana daremos respuesta a esta y otras preguntas que estamos seguras
son de máximo interés.

¿Cómo tratar a los hijos de mi pareja?

5 minutos

Reconstruir una familia es el objetivo de muchas personas, pero no es un camino fácil. Cuando comienzas una relación con alguien que tiene hijos, no saber cómo tratar a los hijos de tu pareja puede ser un obstáculo que termine con la relación.

Aunque dos personas decidan separarse, los hijos no participan en esa decisión. Tienen que pasar por un proceso de ruptura y posterior adaptación a una nueva vida, por lo que introducir a una tercera persona en la ecuación suele ser dificultoso para ellos.

Es habitual que durante el proceso aparezcan complicaciones que hay que gestionar. Si es tu caso, en este artículo tienes algunos consejos generales para crear una situación lo más positiva posible con los hijos de tu pareja, así que no te lo pierdas.

8 claves para tratar a los hijos de tu pareja

Lo primero que debes saber es que cada familia es un mundo y que necesitas evaluar la situación de forma independiente. De todos modos, hay ciertas directrices que puedes usar como pilar para construir una relación sana con los hijos de tu pareja. A continuación, puedes leerlas.

1. Vence la tentación de intentar sustituir al progenitor que no está

Es fácil pensar que tu papel consiste en hacer de tutor, ya que eres la pareja de la persona que cría a esos hijos. No obstante, recuerda que no lo eres y que ellos no te van a considerar como tal.

De esta situación nacen los conflictos más típicos, en los que los niños no reconocen la autoridad y se comportan mal como forma de rebeldía ante los intentos de control de la pareja de su progenitor.

Tu relación con los niños debe construirse desde cero y en armonía con la que tienes con tu pareja. No es necesario que piensen que eres su nuevo tutor, sino que se debe establecer una cultura de respeto y cariño entre todos los miembros de la familia.

2. Convivir de forma progresiva

Si la relación avanza y decidís empezar a convivir, lo mejor será que hagáis este cambio de manera progresiva. De esta forma, podéis ir realizando ajustes de manera gradual y resolviendo conflictos que, de otra manera, amenazarían realmente la convivencia.

También conviene que aprendas a tratar con los hijos de tu pareja antes de iniciar la convivencia. De lo contrario, será empezar a vivir con desconocidos: ni tú ni ellos lo llevaréis bien.

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3. Pasa tiempo de calidad con ellos

La mejor forma de estrechar lazos es compartir momentos agradables. Busca intereses en común, actividades divertidas o contextos que faciliten una interacción relajada. De esta manera, no solo os llevaréis mejor, sino que también se abrirán caminos para conoceros mejor.

4. No te inmiscuyas en su educación

Sobre todo al principio, la educación y las normas de convivencia debe marcarlas el progenitor. Tu tarea será adaptarte lo máximo que puedas e ir ajustando la relación y la convivencia a medida que todos los miembros de la familia se acostumbran al cambio de rutina.

Debes respetar lo que tu pareja decide en cuanto a la educación de sus hijos. Tu opinión puede ser válida, pero debes expresarla de forma que no mine su autoridad o crees conflicto de cualquier tipo. Tu autoridad sobre los hijos de tu pareja será siempre con base en lo que ella establezca.

5. Estudia la relación de tu pareja con sus hijos

Debes comprender que la prioridad de tu pareja es el cuidado de las personas de las que es responsable. Eso no hace menos especial vuestra relación ni implica que seas menos que sus hijos. Simplemente, son amores distintos y cada uno de ellos tiene sus características.

6. Establece tus límites a la hora de tratar con los hijos de tu pareja

Tú también tienes necesidades y un ritmo propio de adaptación. Al igual que tú te comprometes a adaptarte y asumir un rol específico, tu pareja y sus hijos no pueden pedirte cosas que no puedes hacer.

Estos límites se pueden consensuar en conjunto por toda la familia, hablarlos con tu pareja primero o ir estableciéndolos a medida que avanzan la relación y la convivencia. Lo importante es hacerlo desde el respeto y la comprensión por las tres partes.

7. Establece una relación cordial con el ex de tu pareja

Este tema es delicado en la mayoría de las ocasiones. No obstante, es realmente conveniente que, como mínimo, evites los conflictos con anteriores parejas de tu actual compañero sentimental.

Si bien es cierto que la situación se puede complicar mucho -sobre todo en casos de abuso-, se tiene que notar tu intención de no querer causar problemas en ese asunto o en la relación de los hijos con su progenitor.

8. Acudid a un profesional

Siempre que os veáis en un punto irresoluble, es buena idea acudir a terapia de familia o de pareja. Muchas veces, desde dentro del conflicto no se ven soluciones que están al alcance de la mano.

Además, si tu nueva familia tiene una condición concreta -enfermedades, situaciones de abuso, etcétera-, una base de apoyo profesional puede ser muy beneficioso.

Honestidad, respeto y cariño: tus 3 mejores herramientas

Para terminar, ten en cuenta que este proceso tiene como objetivo ser una familia. Los hijos de tu pareja pueden no haberse criado contigo, pero eso no significa que no podáis ser felices juntos ni que tengan que dejar de querer a sus progenitores biológicos.

Es por ello que las únicas directrices realmente universales para tratar con los hijos de tu pareja -y con cualquier persona, en realidad- es tratar de dar lo mejor de ti. Pon por delante la sinceridad, el respeto y la humildad, y el cariño saldrá solo.

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Mi pareja tiene hijos, ¿cómo afrontarlo?

A veces sucede una sensación de caída al vacío cuando nos enteramos de que nuestra pareja es padre/madre. Descubre cómo llevarlo y qué hacer para que la relación de pareja funcione.

Los divorcios y separaciones cada vez son más comunes en nuestra sociedad por lo que cada vez es más habitual encontrarse iniciando una relación de pareja con alguien que tiene hijos.

Evidentemente este escenario dificulta las cosas, ya que aparecen muchas dudas acerca de la relación: ¿debo continuar con la relación o es mejor romper y no complicarme la vida?, en el caso de continuar, ¿cómo debo actuar con respecto a los hijos?, ¿y con respecto a la madre o padre?

Pongamos por caso que eres un chico de 37 años que se ha separado hace uno de una relación de 4 años. Acabas de conocer a una chica de 35 años que te gusta mucho e iniciáis una relación sentimental, pero al poco tiempo ella te comunica que tiene un hijo de 3 años.

Tu primer impulso es romper la relación, y de hecho lo intentas. Le dices que no quieres nada serio pero sigues viéndote con ella y te empiezas a dar cuenta de que esta chica te gusta más que para un rato. Tus mensajes son contradictorios, la mareas porque tú también estás hecho un lío.

No sabes qué hacer, si romper o aventurarte a una relación con la complicación de un hijo que no es tuyo y la relación de esta chica con el padre del niño.

La gente te dice que aún eres joven para conocer otras personas con vidas más sencillas, y tú crees lo mismo pero por una extraña razón sigues quedando con ella. ¿Qué debes hacer?

Supongo que ese escenario que he planteado puede resultarte familiar. Puede que te hayas encontrado alguna vez en una situación similar. Lo primero de todo es pensar en lo que sientes hacia esa persona más allá de la mochilla que lleva encima.

¿Realmente te gusta? Si la respuesta es afirmativa, lucha contra el miedo y lánzate a la piscina. Si no es así, puede que decidas distanciarte de ella y romper la relación. Ahora bien, puede que te guste y aún así estés pensando en dejar de verla sólo porque tiene un hijo.

Antes de hacerlo, piensa en lo que puedes perder y plantéate cómo resolver las dificultades que puedan surgir.

A continuación os doy algunas pautas para sobrevivir a esta situación:

  1. Que tu pareja tenga hijos no te convierte en padre. Quítate ese miedo. Si ser padre te asusta, no tienes porqué pensar que ahora lo serás forzosamente. El niño es responsabilidad de esa mujer y no tuyo y además, ya tiene un padre. Sólo será responsabilidad tuya en la medida en al que te impliques en la vida del niño. A día de hoy la mayoría de custodias son compartidas y ese menor no estará todos los días con tu pareja. Si no quieres comprometerte, queda con ella cuando el niño no esté. Si no tienes seguro qué hacer en la relación, es mejor no implicar al menor. Díselo a tu pareja y evitad marear a los niños con las parejas que vienen y van.
  2. Provoca la presentación con el menor una vez estés seguro de la relación. Si la relación es estable y realmente quieres estar con esa chica, llega el momento de conocer a las personas que forman parte de su vida. Y de la misma manera que se conoce a los amigos y familia extensa, es necesario que conozcas también a la familia creada. Por tanto, conocer a su hijo será un aspecto necesario. Actúa con naturalidad y que esa presentación no se haga de golpe. Es bueno que primero la madre vaya hablando de ti a su hijo y que el primer encuentro sea algo breve para que no se sienta intimidado.
  3. Habla con tu pareja del rol que tienes que asumir con el menor. Especialmente si inicias una convivencia con tu pareja es probable que aparezca la necesidad de implantar tus normas y eso implicará necesariamente asuntos con el niño. En esas circunstancias es importante que el menor no sienta que se está intentando suplantar la identidad de su padre. Todo aquello con lo que no estés de acuerdo, díselo a tu pareja, pero sin que el niño esté presente. Llegad a acuerdos ella y tú pero que sea ella la portavoz de esos acuerdos, ya que sino puedes encontrarte con “perlas” como: “tú calla, que no eres mi padre” o “si no le hago caso a mi padre no te lo voy a hacer a ti”.
  4. Si tu pareja te delega responsabilidades parentales, explícale que no es tu función. Puede ser que no salga de ti pero ella te empiece a delegar tareas que antes hacía el padre del niño. Eso no sólo puede provocar el rechazo del menor hacia ti, sino que el padre del niño puede oponerse a ello y aparecer conflictos en los que seguramente no querrás ser protagonista. Recuérdale a tu pareja que es ella quien debe hablar con el padre de su hijo y establecer acuerdos entre ambos.
  5. La relación requiere tiempo, sé paciente. Roma no se construyó en un día. Lo que en un primer momento te puede parecer imposible, poco a poco se irá haciendo más fácil. En un primer momento la relación con tu pareja y el menor puede ser difícil pero con tiempo, paciencia y siendo tú mismo lograrás adaptarte y que ellos se adapten a ti. Hay que tener en cuenta que mientras más pequeño es el niño más fácil es la adaptación, mientras que si el niño está cercano a la adolescencia o es adolescente, esa adaptación será más difícil y requerirá más tiempo probablemente.
  6. Intenta tener espacios para la pareja. En todo este embrollo es bueno dejar un espacio y tiempo exclusivo para la relación de pareja. Si la custodia es compartida seguramente será más fácil, ya que una semana estaréis “libres” de niños y podréis dedicar el tiempo que se tiene a la relación. Sin embargo, es importante dedicar un cierto espacio a esa área, se tenga custodia compartida o exclusiva, ya que de lo contrario puedes acabar sintiéndote más un compañero de piso que una pareja.

Ahora ya sabes qué hacer para poder llevar una relación de pareja cuando ésta es madre o padre. Y recuerda, quien no arriesga no gana. Es mejor arrepentirse de lo que se ha intentado que de lo que no se ha intentado.

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria, colegiada nº16918

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